¿Qué metapsicología?

 

En “Historia del movimiento psicoanalítico” (1914) Freud afirma que merece ser denominada psicoanálisis toda investigación que reconozca dos “palabras clave”, dos hechos clínicos evidentes al intentar referir los síntomas neuróticos a la historia libidinal del paciente: transferencia y resistencia. Ya cumplido un siglo de esta definición, cabe preguntarse si los analistas de hoy podemos coincidir con una delimitación tan blanda de nuestro campo, o si precisamos de criterios más estrictos, tales como en algún tiempo lo fueron la frecuencia y duración de las sesiones, el uso del diván o la adscripción a conceptos teóricos más rígidos

 –siempre sujetos a las preferencias teórico-institucionales de cada tiempo-.

Cumpliéndose también un siglo de los escritos llamados “metapsicológicos” ¿qué nos queda en nuestra práctica cotidiana de los conceptos de represión, inconsciente, pulsión, repetición, sexualidad infantil, complejo de Edipo?

En los comienzos de mi práctica –hace ya muchos más años de los que desearía confesar- recibí la consulta de una mujer muy deprimida por la muerte de su gato. Solterona sin esperanzas de amor, estaba jubilada por invalidez a causa de un “calambre del escribiente”, que rápidamente se reveló como un síntoma de parálisis histérica, referido, en las asociaciones producidas en sesión, a un episodio traumático en el que un hombre mayor la había obligado a tomar su pene entre las manos, dejando así una marca erógena insoportable en su anatomía fantasmática. Imposible desarrollar aquí el caso, que me produjo entonces una enorme satisfacción al comprobar la validez de las tesis freudianas sobre la represión y el síntoma. No llegamos a “hacer plenamente consciente lo inconsciente” pero los resultados parciales de ese tratamiento trunco bastaron para confirmarme en la pertinencia de mi elección profesional. Tal vez a ella le debo el haber recorrido estas décadas de trabajo con un renovado entusiasmo.

Sin embargo, la clínica de hoy no nos regala con frecuencia casos como ése. Muy por el contrario, el síntoma neurótico se escamotea en una apretada trama de depresiones, compulsiones, adicciones, angustias desencadenadas y otros variados padecimientos -sin entrar en el pantanoso terreno de las psicosis- que requieren mucho trabajo hasta poder ponerse en forma de síntomas analizables. Mientras tanto debemos apelar a un menú amplio de recursos terapéuticos no interpretativos, para conducir la cura hacia un resultado aceptable, es decir hacia el alivio del sufrimiento. Es en circunstancias como estas que aquellas palabras clave freudianas revelan su genuino valor. Transferencia y resistencia están siempre presentes en el encuentro analista-paciente y resultan suficientes para delimitar el campo del análisis.

Ciertamente el trabajo sobre ellas pone de manifiesto la necesidad de conceptos básicos (metapsicológicos) que las expliquen y las dialecticen. Inconsciente, pulsión, represión, siguen siendo operadores teóricos imprescindibles, con la salvedad de que nunca estamos demasiado seguros de que todos los analistas decimos lo mismo con ellos.

No pasa lo mismo con otros conceptos, que han sido sometidos a revisiones y discusiones muy diversas y que requieren de muchas modulaciones en sus aplicaciones clínicas, tales como Complejo de Edipo, primacía del falo, función paterna. En efecto, su valor doctrinario debe ser revisado a la luz de prejuicios freudianos de época y de sustanciales cambios en las estructuras de parentesco y las transformaciones en las modalidades de sexuación.

La enseñanza fundamental de la obra freudiana es la mirada crítica, principalmente sobre las propias certezas teóricas. Los conceptos fundamentales son siempre provisionales, hasta tanto la clínica demuestre lo contrario. Son tan sólo herramientas útiles que debemos estar dispuestos a modificar o abandonar en cuanto demuestren su obsolescencia. De lo contrario se convierten en las principales resistencias “del” psicoanálisis, según la idea derridiana.

Para concluir con un breve ejemplo, si el complejo de Edipo es el lecho de Procusto de la situación transferencial, nos perdemos la enorme riqueza de lugares posibles por los que discurra el análisis: el amigo, el hermano, el compañero de juegos, el “otro” adulto, el maestro y el aprendiz, etc. etc…

En consonancia con el tiempo de Twitter, en menos de 140 caracteres, diré que los conceptos metapsicológicos son en mi clínica instrumentos maleables y flexibles, que cada analista debe modelar con sus manos y las de su paciente.

Octubre de 2015